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El Presidente Nelson nos recuerda cómo pasar tiempo en la presencia de Dios

El 30 de septiembre de 2017, después de la sesión de la tarde de la conferencia general, pasé por el hospital para ver a mi amado compañero en el cuórum, el élder Robert D. Hales. Lo habían hospitalizado tras sufrir un ataque al corazón unos días antes.

Tuvimos una conversación maravillosa, y parecía estar mejorando; incluso respiraba por sí mismo, lo cual era una buena señal.

Esa noche, sin embargo, el Espíritu me habló al corazón y a la mente para que volviera al hospital el domingo. Durante la sesión de la mañana del domingo de la conferencia general, volví a percibir esa fuerte impresión. Sentí que debía omitir el almuerzo y darme prisa para volver al lecho del élder Hales tan pronto terminara la sesión de la mañana, y eso fue lo que hice.

Cuando llegué, me di cuenta de que el élder Hales había empeorado. Tristemente, falleció diez minutos después de mi llegada, pero estoy agradecido de haber estado al lado de él, de su dulce esposa Mary, y sus dos hijos, cuando dejó esta vida.

Estoy muy agradecido de que los susurros del Espíritu Santo me impulsaran a hacer algo que quizás no habría hecho, y cuán agradecido estoy por la realidad de la revelación y que los cielos estén abiertos una vez más.

Este año, centraremos el estudio personal y de clase en Doctrina y Convenios. Estas “revelaciones divinas y declaraciones inspiradas” pueden bendecir a todos los que las estudien y actúen de acuerdo con sus preceptos divinos. Invitan “a todas las personas, dondequiera que estén, a escuchar la voz del Señor Jesucristo”, porque verdaderamente “la voz del Señor se dirige a todo hombre” (Doctrina y Convenios 1:2).

Peligro, oscuridad y engaño

Las tempestades físicas y espirituales son parte de la vida en la tierra, tal como nos ha recordado la pandemia del COVID-19. El Salvador predijo días de gran tribulación en el tiempo anterior a Su segunda venida. Él dijo: “[H]abrá hambres, pestes y terremotos en diversos lugares” (José Smith—Mateo 1:29).

A esta tribulación se añade la oscuridad y el engaño cada vez mayores que nos rodean. Como Jesús dijo a Sus discípulos: “… abundará la iniquidad” antes de Su regreso (José Smith—Mateo 1:30).

Satanás ha reunido sus fuerzas y lucha con furor contra la obra del Señor y con los que participamos en ella. Debido a los peligros cada vez más grandes a los que hacemos frente, la necesidad que tenemos de recibir guía divina nunca ha sido mayor, y nuestros esfuerzos por escuchar la voz de Jesucristo —nuestro Mediador, Salvador y Redentor— nunca han sido más urgentes.

Como dije poco después de ser llamado como Presidente de la Iglesia, el Señor está dispuesto a revelarnos Su voluntad, y esa es una de las más grandiosas bendiciones que nos da.

En nuestros días, Él ha prometido: “Si pides, recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento” (Doctrina y Convenios 42:61).

Sé que Él responderá a nuestras súplicas.

Cómo lo escuchamos

El saber cómo habla el Espíritu es esencial hoy en día. Para recibir revelación personal, encontrar respuestas y recibir protección y guía, recordamos el modelo que el profeta José Smith estableció para nosotros.

Primero, nos dedicamos de lleno a las Escrituras. Al hacerlo, abrimos nuestra mente y nuestro corazón a las enseñanzas y verdades del Salvador. “[L]as palabras de Cristo [nos] dirán todas las cosas que [debemos] hacer” (2 Nefi 32:3), sobre todo en esta época de incertidumbre y agitación.

A continuación, oramos. La oración requiere iniciativa, así que nos humillamos ante Dios, buscamos un lugar tranquilo al que podamos ir con regularidad y le derramamos el corazón a Él.

El Señor dice: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (Doctrina y Convenios 88:63).

Al allegarnos al Señor, recibimos consuelo y ánimo, esperanza y sanación. Por eso, oramos en Su nombre acerca de nuestras preocupaciones y debilidades, nuestros anhelos y seres queridos, nuestros llamamientos y nuestras preguntas.

Luego, escuchamos.

Si permanecemos de rodillas un rato después de finalizar la oración, acudirán a nuestra mente pensamientos, sentimientos y guía. El anotar esas impresiones nos ayudará a recordar las acciones que el Señor desea que tomemos.

Al repetir ese proceso, en palabras del profeta José Smith, “crecer[emos] en el principio de la revelación”.

Dignos de recibir revelación

El refinar nuestra habilidad de reconocer los susurros del Espíritu Santo y aumentar nuestra capacidad de recibir revelación requiere dignidad. La dignidad no requiere perfección, pero sí requiere que nos esforcemos por obtener mayor pureza.

El Señor espera un esfuerzo diario, una mejora diaria, un arrepentimiento diario. La dignidad hace que recibamos pureza, y la pureza nos hace merecedores del Espíritu Santo. Al tomar “al Santo Espíritu [como nuestro] guía” (Doctrina y Convenios 45:57), nos hacemos dignos de la revelación personal.

Si algo nos impide abrir la puerta a la guía celestial, es posible que tengamos que arrepentirnos. El arrepentimiento nos permite abrir la puerta para que podamos escuchar la voz del Señor con más frecuencia y claridad.

“La norma es clara”, enseñó el élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “[S]i algo que pensemos, veamos, escuchemos o hagamos nos separa del Espíritu Santo, entonces debemos dejar de pensar, ver, escuchar o hacer eso. Por ejemplo, si algo que supuestamente es para nuestra diversión nos aleja del Espíritu Santo, entonces esa clase de diversión no es para nosotros, puesto que el Espíritu no puede tolerar lo que es vulgar, grosero o inmodesto y, por lo tanto, será obvio que esas cosas no son para nosotros”.

Cuando combinamos una mayor pureza y obediencia con el ayuno, la búsqueda diligente, el estudio de las Escrituras y de las palabras de los profetas vivientes, y con la obra del templo y de historia familiar, los cielos se abrirán. El Señor, a la vez, cumplirá Su promesa: “Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente” (Doctrina y Convenios 11:13).

Quizás tengamos que ser pacientes, pero Dios nos hablará a Su manera y en Su propio tiempo.

Un espíritu de entendimiento

Job declaró: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y la inspiración del Omnipotente le hace entender” (Job 32:8). En este nuevo año, los animo a tomar los pasos necesarios para escuchar al Señor mejor y con más frecuencia para que puedan recibir la iluminación que Él desea darles.

Antes de que el élder Hales falleciera ese día de octubre de 2017, preparó un breve discurso para la conferencia general que no pudo dar. En ese discurso, escribió: “Nuestra fe nos prepara para estar en la presencia del Señor”.

Cuando recibimos revelación, pasamos tiempo en la presencia de Dios a medida que nos revela Su intención, voluntad y voz (véase Doctrina y Convenios 68:4). Ruego que pongamos nuestra fe en acción, invocándolo a Él, al vivir dignos de Su prometida inspiración, y actuar de acuerdo con la guía que recibamos.

Mira también: "Detalles de la Próxima Conferencia General"


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