Lo que significa decir "Amén" y su correcto uso a favor de la Fe, Solemnidad y Reverencia

Hernán Felipe Toledo

Antes de hablar del tema, quisiera dejar en claro que entendemos perfectamente el principio de libertad de expresión y sentimientos, sobre todo en asuntos de fe y religión. No es nuestro deseo que alma alguna sienta pesar ni incomodidad, sin embargo, tal como cada denominación religiosa entiende las doctrinas según su sistema de creencias, y las costumbres de sus feligreses se van desarrollando de acuerdo a ellas, nosotros en La Iglesia de Jesucristo también tenemos tradiciones y costumbres que nos caracterizan, y en este contexto respetuoso pero esclarecedor para muchos, quisiera referirme sobre la palabra Amén, en sus diversos usos.

Primero que todo, en la guía para el estudio de las escrituras que usualmente hallamos al final del Libro de Mormón, encontramos orientación sobre el uso de la palabra Amén. La definición dice:

[Amén] significa “que así sea” o “así es”. El vocablo amén se usa para expresar una aceptación y un acuerdo sinceros o solemnes (Deut. 27:14–26) o para afirmar la verdad (1 Rey. 1:36). En la actualidad, al final de las oraciones, los testimonios y los discursos, los que escuchan la oración o el mensaje pronuncian un amén audible para indicar su acuerdo y aceptación de lo dicho.

En los tiempos del Antiguo Testamento, amén era la respuesta correcta de la persona a quien se proponía un juramento (1 Cró. 16:7, 35–36; Neh. 5:12–13; 8:2–6). Se le llama a Cristo “el Amén, el testigo fiel y verdadero” (Apoc. 3:14). En la escuela de los profetas, amén también servía de señal de convenio (DyC 88:133–135).

Es destacable que en esta definición inspirada, se habla de que es usada "al final" de las oraciones, testimonios y discursos, por aquellos que escucharon. Implícita y lógicamente agregaría que es usada por aquellos que entendieron el mensaje o prestaron atención a lo pronunciado, por lo tanto, dicen "amén" en señal de aprobación de verdad, debido al significado de la palabra. Esto implica que la palabra "amén" no debería ser usada como muletilla automática, casi sin razonar y meditar previamente o en paralelo a lo que se oye. Tenemos también muchas escrituras mencionadas más arriba que nos enseñan lo sagrada que era y es esa palabra en términos de convenios.

En nuestra cultura como Santos de los Últimos Días, usamos la palabra "amén" tal como dice la definición, y no solemos decir "amén" en cada momento cada ciertos segundos, a medida que se ofrece un mensaje. Esto es aplicable en todo ámbito, incluso escrito. La forma en que adoramos es parte de nuestro identificativo como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Aún cuando en otras costumbres religiosas se hace así, de acuerdo al entendimiento de ellos, lo cual es respetable, nosotros no acostumbramos a hacerlo así, y creemos en lo que las escrituras nos han enseñado en cuando al asunto, y en las normas de costumbre que se han construido en el desarrollo de la Iglesia restaurada en estos tiempos.

Quisiera compartir, con permiso del autor, una experiencia de un líder de otra religión, en la cual acostumbran decir la palabra más frecuentemente de lo habitual en medio de su culto. Aún este líder se dio cuenta de que podía mejorar mucho en este punto. Él dijo:

Una cosa que he comprendido sobre el decir amén es que en muchos lugares se ha transformado en una simple repetición sin reflexión. Tengo dos ejemplos de ello en medio de algunos sermones que di:

  • En medio de una congregación, estaba dando mi mensaje y luego, a modo de prueba, puse entre medio un par de afirmaciones falsas. Mientras las decía, varios hermanos gritaron ¡"amén!, ¡amén!”. Fue entonces cuando me frené y les tuve que enseñar que no podemos decir "amén" en cada momento y a todo lo que escuchamos en un contexto congregacional. Lo que había dicho no era correcto, sin embargo lo estaban aprobando.
  • En otro encuentro, y luego de que las multitudes decían "amén" a todo lo que decía, pregunté a los hermanos algo como, “¿Qué creen que sintió Pedro?” a lo que la congregación seguía diciendo "amén, amén Señor". Les tuve que decir, “Queridos hermanos, acabo de hacerles una pregunta. ¿Por qué dicen amén?”

Sólo expongo estos dos ejemplos en los que he evidenciado un problema que podríamos solucionar mejorando en nuestra comprensión y luego en nuestra costumbre, nuestros hechos aplicados. Debemos procesar en nuestra mente lo que recibimos de predicación, sino de forma muy directa lo digo: "Nuestros Amén se convierten, sencillamente, en palabrería y en otra vana repetición de la cual no debemos participar (Mateo 6:7)".

Es realmente gráfico el relato de este líder. Nos ayuda a entender mejor en cuanto a cómo mejorar nuestras costumbres, cuales fueren. 

En nuestro caso, como miembros de la Iglesia de Jesucristo, se nos identifica en nuestros cultos, como personas reverentes que aprecian lo que se predica y que al final de tales mensajes decimos "amén", por supuesto, después de haber reflexionado y puesto atención. No lo hacemos en cada momento, o tras cada frase pronunciada por alguien. Hoy en día en el contexto digital, podríamos aplicar esto mismo. En las miles de publicaciones que dan vueltas por las redes sociales, podemos compartir, comentar, deliberar, hacer preguntas, incluso escribir nuestros testimonio sobre algo, en vez de simplemente escribir "amén" a cada cartel o publicación que se nos ponga por delante. Si bien no es algo malo escribir solamente amén, el ir más a fondo y expresar más palabras, es una manera en que mostramos más aprecio por el mensaje y, en vista también de que se nos ve en el mundo digital, damos un mejor ejemplo público de mayor respeto y compresión del Evangelio.

Si bien es cierto que en temas de adoración, aún dentro de una misma fe, puede haber infinidad de hermanos con diferentes orígenes y costumbres, se nos invita siempre a adecuarnos a las costumbres de la fe que abrazamos y de la cual somos parte. Esto muestra respeto e inclusión, y no debería verse en ningún caso como una muestra de separación. Es más bien lo que somos y en lo que nos convertimos durante el transcurso de nuestra conversión, valga la redundancia.

Es mi intención poder traer a la reflexión este tema tan específico pero que sin duda es muy importante. Cualquier comentario es bienvenido, si se realiza con respeto y buena intención tal como lo hemos expuesto también en este artículo.


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Hernán Felipe Toledo

Ingeniero, viajero, creador de comunidades y amante de difundir inspiración. Actualmente sirve en una Presidencia de Estaca.

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